Al principio fue el rasgo de identidad de algunas formaciones (Musica Antiqua Köln y, luego, Il Giardino Armonico y otras más), pero de un tiempo a esta parte tengo la impresión de que la única norma que se considera válida para la música del barroco tardío es tocar lo más deprisa que se pueda. Incluso, un poquito más deprisa de lo que se puede.
No estoy muy convencido de que en la primera mitad del siglo XVIII se tocara tan rápido. Es lógico que hubiera excepciones, como es lógico que las haya ahora. Lo que no veo tan lógico es que las excepciones ahora sean precisamente las contrarias, es decir, formaciones que tocan más despacio, como se hacía durante los años 70, 80 y 90 del pasado siglo.
Pongamos un ejemplo. Se trata de la obertura de Iphigenia en Tracia, zarzuela de José de Nebra.
El primer versión es de Los Músicos de Su Alteza. Para resaltar la sensación de vértigo que se desprende de esta lectura, se incluyen trompetas y percusión (tampoco creo que fuera una práctica muy extendida en el barroco hispano).
La segunda versión, ya sin trompetas ni percusión, corresponde a Les Talens Lyriques. Aunque rápida, es bastante más sosegada que la anterior:
Y la tercera y última, igualmente sin trompetas ni percusión, es de El Concierto Español. Como pueden comprobar, se trata de una lectura en extremo reposada, en la línea de todos los trabajos realizados por su director, Emilio Moreno, en quien inevitablemente se aprecia su formación musical holandesa.
Reconozco que me gustan las tres y que, si tuviera que quedarme sólo con una, me quedaría probablemente con la primera. Pero ya digo que tengo serias dudas de que sea la más ortodoxa (ni siquiera estoy convencido de que sea ortodoxa).