Bueno, decía que lo de Santa Cecilia es cuando menos una historia curiosa.
Esta buena mujer, de la familia romana de los Metelos, se convirtió al cristianismo y fue virgen al matrimonio, arreglado por sus padres con un joven pagano de buen ver y posibles, llamado Valeriano. La misma noche de bodas, cuando el muchacho quiso hacer el acto carnal, que por algo se había casado, Cecilia le dijo que ni hablar del peluquín, que ella tenía un amigo-protector que era ángel y que el ángel era el guardián de su virginidad. O sea, que si tocaba un sólo pelo de su anatomía, el ángel, que tenía muy mala hostia, bajaba inmediatamente del cielo y ella no respondía de las locuras que pudiera hacer.
En lugar de mandarla a tomar por culo y pedir el divorcio al día siguiente, que era lo que procedía, Valeriano se avino a razones y pidió conocer en persona al ángel para convencerle de que se fuera a cuidar a otra tía. Cecilia lo mandó a un punto concreto de la Via Apia, en donde lo esperaba no el ángel, sino el papa Urbano I. El papa tuvo una amena conversación con Valeriano, se tomaron unas cañas y, aprovechando que el Tíber pasa por Roma, lo bautizó y lo convirtió al cristianismo.
Valeriano volvió a casa y le dijo a Cecilia que no ha había visto al ángel, pero que había estado con un señor muy amable que lo había bautizado en la fe cristiana. Entonces, de repente, llegó el ángel, se puso muy contento por la conversión de Valeriano y les autorizó a que se pegaran el lote, al tiempo que los colmaba de flores y azucenas. A todo esto, fue a casa a comer Tiburcio, el hermano de Valeriano, y ya que estaba allí, pues el ángel lo bautizó también. Entonces, tomaron la decisión de vivir juntos los tres, de ser castos y puros, y de comer perdices por ser tan felices.
Pero se enteró un tribuno romano de que Valeriano y Tiburcio se habían cambiado de chaqueta, y ordenó que se los cargaran. El encargo de cargárselos era un funcionario llamado Máximo, que en vez de hacer caso al tribuno, también se hizo cristiano. Entonces, el tribuno se puso de una leche increíble y les cortó el cuello a los tres y dio orden de que ahogaran a Cecilia en la bañera de su casa. Pero Cecilia había dado clases de pesca submarina y aguantaba bajo el agua lo que no está en los escritos, así que no había forma de que la palmara. Entonces, el tribuno ordenó que hirvieran agua y que escaldaran a Cecilia. Pero ni por esas, así que también le cortaron el cuello. Entonces, los cristianos decidieron hacerla santa, por lo mucho que había sufrido en el martirio.
Lo de hacerla patrona de los músicos tiene su miga. En la Edad Media se tradujo un texto latino que hablaba de los "cantantibus organis" de Cecilia y el traductor pensó que se trataba de instrumentos musicales, cuando en realidad el texto se refería a los instrumentos que se emplearon para darle martirio a la pobre chica. A partir del siglo XV, la imágenes que aparecían de Santa Cecilia iban acompañadas de un órgano portátil y alguien pensó que había sido música, por lo que directamente la convirtieron en la patrona de los músicos.
Bueno, más o menos historia es así.