Yo no creo que sea una especialidad del clero, sino del que tiene potestad sobre personas que no están plenamente formadas ni en lo físico ni en lo intelectual:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Sexo/entrenamiento/abusos/elpepisoc/20100307elpepisoc_2/Tes
Hace tiempo, por fortuna, que no salen noticias relacionadas con casos de pederastia en el deporte. Pero hubo hace años una ola de denuncias como la que hay ahora con el clero de protagonista. Yo mismo conocí a un periodista santanderino, colaborador de los diarios Abc y As, que fue condenado por abusar de niños a los que entrenaba en un equipo de fútbol. Y por aquel momento (hablo de hace aproximadamente quince años) salieron varios casos al mismo tiempo (no se si lo recordará, pero un entrenador argentino que tuvo el Cádiz fue denunciado por varios menores a los que había entrenado algunos meses antes en su país). Hace no más de diez años, en el colegio más progresista de toda España desde hace decenios (sí, el de los inventores de la Libre Enseñanza), uno de los entrenadores de baloncesto, con el que yo tenía una buena relación, fue denunciado por varios casos casos de abusos sexuales a niños. Y, ya vez, en ese colegio en la vida ha puesto ni pondrá un pie un cura.
Lo que me irrita es la sensación que se quiere dar de que los curas son todos unos pederastas y unos degenerados. Yo estudié durante trece años en un colegio de curas y le puedo garantizar que no sólo no sufrí ni siquiera una mínima insinuación, sino que tampoco hubo nada a mi alrededor que levantara sospecha (salvo algunos rumores que apuntaban a que un determinado sacerdote había sometido a tocamientos a varios niños). El clero forma parte de la sociedad y su grado de perversión es, porcentualmente hablando, el mismo que el del resto de la sociedad (aunque se supone que no tendría que ser así, porque en teoría el clero es bueno y está en contra de cualquier manifestación maligna).
Y, ya ve, fue dejar el colegio religioso en el que había estudiado y pasar a la Universidad, recién estrenada la democracia, y a mi alrededor proliferaban las denuncias, las confesiones, los comentarios, los rumores... de episodios de abusos sexuales o de proposiciones desonestas por parte de profesores a cambio de un aprobado ramplón. Varias amigas mías pasaron por ese trance. Y no eran curas los degenerados, no, eran las personas más laicas y progres que se pueda imaginar (me tocó una de las facultades que más progres por metro cuadrado tenía en aquellos convulsos años de la Transición).
Apenas un par de años después de aquello, tuve que ir a la Mili y se suponía que en el Ejército me iba a topar con el personal más reaccionario de la sociedad española. Pues resulta que eran los oficiales y los suboficiales (los chusqueros) los que amenazaban con pegar una mano de hostias a los soldaditos que se mofaran de otros soldaditos por su condición de homosexuales.
A veces las apariciencias engañan y no hay que dejarse llevar únicamente por lo que sale en los papeles. Recuerde siempre que para un periodista la noticia no está en el perro que muerde al niño, sino en el niño que muerde al perro. Pero le puedo garantizar que por cada niño que muerde a un perro hay mil perros que muerden a un niño.