Hay una simpática anécdota de Haydn y Beethoven.
Sabido es que las obras de la primera madurez de Beethoven fueron las que más aprobación general obtenían del público: el Trío para cuerdas opus 3, la Serenata opus 8, el Septeto opus 20. Beethoven, valgan verdades, andaba feliz por el éxito.
El ballet Las criaturas de Prometeo de 1801 tuvo la misma suerte, para su mayor halago. Así, el treintañero Beethoven se encuentra con Haydn y se produce el siguiente diálogo:
- Maestro, mis Criaturas me enorgullecen, pero no llegan a la altura de vuestra Creación.
- Así es, mi querido Ludwig, no llegan a su altura, no llegan...
Dicen que desde entonces Beethoven adquirió el semblante que le conocemos.