Otra de Mehta (que empieza a estar, por sus ataques de divo, en no pocas listas negras): estaba haciendo en Ginebra La Calisto, pero no era de su agrado cómo se estaba haciendo, así que, tras la primera representación, cogió un avión sin decir nada a nadie y se plantó en Nueva York. Una vez allí telefoneó al teatro, dijo que se había roto una costilla y que si querían seguir con la representación habrían de buscar en cuestión de horas un sustituto.