Un buen MP3 o un Ipod. Al principio es un poco coñazo andar ripeando toda la música y meterla en el aparato, pero luego se agradece un montón, porque se queda ahí para siempre.
Cuando un lector portátil no lee ya algún tipo de compactos, es que le falla la lente. Antes, si el compacto era bueno, merecía la pena cambiarla. Ahora ya no creo ni quiera que el servicio técnico (incluso, el del fabricante) se moleste en cambiarla.
Tenga en cuenta que un MP3 o un Ipod con una capacidad de 20G equivale a más de cien discos.