Seguramente el nombre del compositor y clavecinista boloñés Pier Giuseppe Sandoni (1685-1748) les dirá poco o nada. Si por algo interesa hoy en día a los estudiosos del periodo barroco es porque fue marido de la célebre soprano Francesa Cuzzoni.
Alumno de Giovanni Bononcini, a los 13 años de edad era organista de la iglesia de San Giacomo, en Bolonia. En la italia de los años 10 y 20 era un músico muy apreciado por sus óperas, que también llegaron a representarse en Alemania y Austria.
En 1725 se establecio en Londres, ciudad en la que contrajo matrimonio, en 1727, con la antes mencionada Cuzzoni, con la cual tuvo un hijo un año después.
Participó en la famosa polémica entre los seguidores de Handel y los de Bononcini. Bajo el punto de vista musical, su estilo era comparado con el de Handel, debido a su gran capacidad para improvisar, a sus dotes técnicas concertístias y a la calidad de sus composiciones de cámara.
Hasta aquí, nada truculento... La truculencia llegó, muy a su pesar, en 1737. Su esposa era de armas tomar, como bien había podido comprobar el público londinense. El 6 de junio de 1727, durante una representación de la ópera Astianatte, de Attilio Ariosti, sus seguidores y los seguidores de la otra gran soprano del momento, Francesca Cuzzoni, se enfrentaron en el teatro: primero, con insultos; luego, a golpes. La tensión del momento se trasladó al escenario y las dos sopranos acabaron tirándose de los pelos y arañándose, tras haberse llamado "perra" y "puta".
Como consecuencia de este incidente a ambas cantantes se les canceló la renovación de contrato, aun cuando ambas siguieron apareciendo juntas en Teuzzone de Ariosti, Riccardo Primo, Siroe y Tolomeo de Handel en la temporada. La última aparición de ambas data del 1 de junio de 1728, con una repetición de Admeto.
Tras esto, ambas divas tomaron caminos separados: Bordoni partió a París junto a Senesino y Cuzzoni marchó con su esposo a Viena, invitada especialmente por el embajador, el conde Kinsky. Cantó en la corte vienesa y dejó al emperador prendado de su voz. A pesar de su interés en contratarla para exhibirse teatralmente, las negociaciones no llegaron a término, teniendo en cuenta que la Cuzzoni exigía una paga realmente exagerada (24.000 florines anuales).
El matrimonio Sandoni-Cuzzoni regresó a Italia. Entre 1729 y 1732 se estableció en Venecia, donde ella cantó en el San Giovanni Crisostomo junto a Farinelli en Idaspe de Riccardo Broschi y Artaserse de Hasse. En mayo de 1730 cantó en Piacenza como Arsace en Ifigenia in Aulide de Orlandini y en 1732 nuevamente en Venecia en Teatro San Samuele en el Euristeo de Hasse junto a Babbi y Caffarelli.
Volvieron a Londres en 1733, ella contratada por la compañia operística de Nicola Porpora, de la que formaban parte Senesino y Farinelli, y que se había convertido en la competencia directa de la compañía de Handel. Pero no le duró mucho su dicha: en 1737 se vio envuelta nuevamente en un escándalo cuando abandonó furtivamente Londres, apareciendo en el mismo momento de su partida el envenenado cadáver de su marido, Sandoni.
El hecho de que todo el mundo diera por hecho que Sandoni había sido asesinado por Cuzzoni no fue óbice para que ésta, en pleno ocaso artístico y después de pasar por diversas cárceles de Holanda y Francia por culpa de las deudas que acumulaba, se estableciera de nuevo en 1750 en Inglaterra, donde fue también encarcelada por sus deudas (hubo de sacarla de prisión el mismísimo Príncipe de Gales).
Arruinada vocal, física y económicamente, Cuzzoni se retiró a un asilo para indigentes en Bolonia, donde pasó sus últimos 21 años malviviendo con la fabricación de botones. Murió en la más absoluta miseria en 1772.